Suéter tejido en 3 días: cuando el tejido se convierte en refugio
Suéter tejido en 3 días: cuando el tejido se convierte en refugio. A veces, cuando la vida se pone demasiado ruidosa, lo único que necesitamos es el silencio.
Eso me pasó a fines de marzo. Estaba de licencia en el trabajo, arrastrando un agotamiento mental y emocional que no me dejaba ni pensar. No quería hablar con nadie, no quería hacer nada. Solo necesitaba estar conmigo, en paz.
Y así fue como terminé con un suéter tejido en tres días, sin planearlo, sin patrón, solo dejando que los puntos hablaran por mí.
Tenía algunos ovillos guardados, una aguja de crochet a mano y muchas ganas de desaparecer un rato del mundo. Empecé con lo básico, sin saber si iba a salir algo, pero el tejido tiene esa magia: cuando todo está en caos, puede ordenar lo que sentís. El ritmo del crochet me ayudó a calmar la mente. Cada punto fue como un suspiro, como un paso más para salir de esa nube pesada que tenía encima.
Este suéter tejido en tres días no fue un proyecto para mostrar ni para enseñar. Fue un proyecto para sobrevivir emocionalmente. No grabé el proceso, no hice fotos del paso a paso, no había intención de contenido. Solo yo, el hilo y el silencio.
Lo terminé en tres días exactos. Me pasé horas tejiendo sin parar, casi como si el cuerpo supiera que eso era lo único que podía hacer para sentirse mejor. El resultado es una prenda simple, sin complicaciones, pero con un valor inmenso para mí. Porque no fue tejido con la cabeza, fue tejido con el alma.
Este suéter tejido en tres días se volvió un símbolo de algo más profundo: de cómo el tejido puede ser compañía, refugio, terapia. A veces no necesitamos patrones, solo necesitamos sostenernos con las manos.
¿Qué hilado usé?
Era una mezcla de algodón con acrílico que tenía guardada, no recuerdo ni la marca. En ese momento, lo importante no era el material, sino la sensación de tejer. El tejido me ayudó a ponerme de pie de nuevo. Literalmente. El movimiento repetitivo del crochet me ancló al presente.
¿Cómo lo tejí?
Sin patrón. Monté cadenas y empecé a tejer el elástico del cuello, haciendo aumentos a ojo para dar forma. No lo pensé, lo sentí. Cada parte del suéter fue apareciendo sola, como si las manos supieran mejor que la mente lo que había que hacer.
¿Lo volvería a tejer?
Probablemente no igual. Porque este suéter no se repite. Es único, como ese momento. Pero sí me dejó la enseñanza de que el tejido es mucho más que un hobby. Es una forma de cuidarnos.
¿Alguna vez tuviste una prenda así?
De esas que no se hacen para lucir, sino para sanar.
Contámelo en los comentarios. Me encantaría leerte y compartir historias de tejido real, tejido desde el alma.
¿Querés más historias reales de tejido?
Te invito a visitar mi canal de YouTube, donde comparto proyectos tejidos reales, tutoriales, historias que abrigan y contenido emocional tejido con amor.
Suscribite y activá la campanita. Es gratis, y me ayuda un montón.
Te invito también a visitar mis redes, todas en 1 solo lugar:
Descubre más desde Tejer en casa
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


